Comunicado pos-covid-19

Por medio de nuestros proyectos generamos en espectadores, amigos y conocidos, un asombro y de cierta manera un respaldo, en donde es común escuchar: eso se tiene que hacer.

Reconocemos que en el proceso de transformación social liderado por la corporación tendremos grandes opositores, que enmarcados en un sistema de creencias rechazan y juzgan como no pertinentes estas actividades con énfasis social. De modo que, sus opiniones y acciones pueden diezmar las intenciones y determinaciones que tienen las personas de nuestra corporación.

Realmente estamos ante una polarización de visiones, muchas de ellas generalizadas por sus sistemas de creencias. Sistemas que se han cristalizado por las decisiones a veces equivocadas de creer en ideas que no son lo suficientemente honestas y acordes a la realidad que vive la sociedad contemporánea. Ahora, resulta agradable sentir y ver, de algún modo, el reconocimiento a nuestra opción corporativa, y al mismo tiempo es desagradable sentir y ver, cómo podríamos ser estigmatizados por estas mismas acciones. Sin embargo, una y otra postura emergen por las ideas comprendidas y creídas (Insisto en este asunto de las creencias de las ideas, ya que son ellas, al parecer, las que nos dan un horizonte válido para nuestra comprensión de la realidad).

Aceptamos entonces, siguiendo a Berger y Luckmann, que la realidad es una construcción social, pero de esto no se sigue que tengamos que condicionar los escenarios sociales como lo impuso el señor Émile Durkheim, pues lo más crítico de esta situación comprensiva de la realidad, es que no nos deja ver con creatividad y alternativa, otras posibilidades, otras realidades, otros sentires, otros condicionamientos, como lo presenta Claudio Naranjo o Víctor Gavilán en su libro pensamiento en espiral

Al parecer todo, entonces, tiene que ser la contraposición de bueno-malo, arriba-abajo, blanco-negro, etc. Esta invisible rivalidad de polos opuestos nos dispone silenciosamente en tensión, pues desde la “orilla” social-institucional de donde se derivan los juegos de poder y la manipulación social, buscamos ganar conquistar, vencer, y tener la verdad.

Por otro lado, el que no sabe, el que no demuestra interés esa “mí orilla” es suprimido, aniquilado, olvidado, abandonado. Podríamos decir: ¡Qué complejo somos los seres humanos!, pues no, no creo que nuestra especie sea compleja. La complejidad está o emerge en lo que creemos, en lo que pensamos y en lo que actuamos. Dicho de otro modo, la complejidad está en las ideas que construimos para definir la “realidad”, nuestras relaciones y los sentidos últimos de orientación para caminar.

Ahora, el amplio desconocimiento de la vida (bios) y de sus conductas que generan esta red viva en el planeta, nos dejan a merced del opinómetro desenfundado de personas, cuyas creencias se apartan de un buen vivir ecológico. Sumado a lo anterior, se agregan ideas, en su mayoría, falsas, aprendidas por la socialización recurrente de las personas; dejándonos sumidos no en una red viva, sino en una matriz posiblemente demagógica o una situación virtual y un tanto real.

Nuestra organización, como cualquier otra ha sido golpeada por la situación de pandemia de Covid-19. Ninguna sociedad estaba, ni estará preparada para los advenimientos de la naturaleza y las consecuencias de nuestra “civilización humana”. Pero lo que si podemos hacer es estar preparados para adaptarnos y continuar nuestra vida, sea la que sea; compréndase como se comprenda. Lo que no podemos aceptar, como organización, es estar en este mundo de cualquier manera, por no decir, de una manera vulgar. 

Vemos cómo nuestros círculos sociales están reduciendo las brechas de una vida buena. Esto es, de una vida sencilla que responde a lo fundamental. Los condicionamientos temporales están conduciendo a las personas a una situación tensa, desequilibrada o de perdida de energía. Si le sumamos el tránsito de esta pandemia y los avatares de nuestras circunstancias nacionales, resulta legítimo huir, esconderse, romper vínculos, y ahí sí, encerrarnos en nuestras propias ideas, tratando de hallar (encontrar) equilibrio, estabilidad y “vida”. Dicho esto, pienso que el problema no ha sido la pandemia; que de hecho ya es una situación bastante difícil para la supervivencia humana; el problema ha sido que, teniendo al parecer un gran recurso de saber, conocimiento, historia de los últimos 8.000 años de vida de la tierra y de la humanidad, no sabemos cómo vivir a las circunstancias que emergen. Teniendo medios más expeditos para comunicarnos y reducir kilómetros de frontera no nos comunicamos; teniendo una posibilidad de acceso al conocimiento poco sabemos; teniendo unas libertades para construir nuestros sentidos y creencias, somos vulnerables a la acción y opinión de otro. Teniendo una facilidad de acceso a un sin número de música, arte, cine, literatura, poesía y demás, nos sentimos solos y saturados, por las situaciones tan válidas y propias que cada ser humano puede elegir.

Al parecer, teniendo mucho, no todo, nuestra humanidad está vacía, derrotada, frustrada, agotada. Por eso, quiero proponerles un reto más: descifrar sentido en medio de una sociedad y un contexto global bastante perturbado a futuro.

Les invito a que nos pensemos en un contexto y en la realidad colombiana pos-covid-19. ¿Qué significa esto? Significa, inicialmente, que superemos y dejemos atrás esta situación y advirtamos nuestro futuro. El pasado es un escenario que fue, el futuro no es aún, sólo tenemos el aquí y el ahora, dirá Heidegger y el estilo de vida budista. Por lo tanto, esto que tenemos, el aquí y el ahora, convirtámoslo en una plataforma para la decencia, la sensatez y la destreza de encontrar buena vida, vida buena. 

También significa sacar lecciones aprendidas. Pensarnos pos-covid, significa recoger lo vivido y determinar una conclusión, pues sabemos que esta situación no será para siempre, como sí lo es el tiempo y el espacio y la actitud que tengamos de cara a la vida. De ahí que estas preguntas vuelvan a tener sentido:

¿Qué aprendimos?
¿Cómo movernos?
¿Qué queremos de nuestra vida? ¿Con quiénes queremos cohabitar?
¿Quiénes nos necesitan?
¿Desde dónde abrimos camino?
¿Hacia dónde dirigimos nuestras vidas?

Amo mi vida investigativa, mi vida académica. Por eso, les pido que en mi “aparente” realidad caminemos no en falsedad o, en lo que he llamado, indecencia. Las personas a pesar de sus creencias, dejan de creer muy fácil, se desaniman y desaprovechan algunas oportunidades. Les sigo invitando a que no se dejen gobernar por otros, sino a que gobiernen sus propias vidas, eligiendo qué creer, eligiendo con quién caminar y dejando huella de vida buena, de vida satisfecha. 

¿Qué queda por hacer?

  • Atender las lesiones de una sociedad a la que le sigue su siguiente pandemia: pérdida de sentido. 
  • Atender a los nuevos pobres de nuestra sociedad: ya que las desigualdades socio-económicas se pusieron de manifiesto, con mayor relevancia, en esta situación de pandemia y tendremos un aumento no menor en los niveles de pobreza en todo el mundo. 
  • Atender los estragos ambientales que se hacen aún más evidentes en el país, tras la coyuntura del covid-19.  
    • Plásticos, hidrocarburos, explotaciones mineras, deforestación de bosques, licencias pilotos para más extracciones, etc. 
    • Inundaciones, deslizamientos de tierra, extinción de especies orgánicas. 
    • Enfermedades físicas, psicológicas, mentales y espirituales. 
  • Enfrentar un sistema nacional y global que nos uniformara con más leyes, más normativas, más castigos y/o sanciones.
  • Atender a una sociedad polarizada que se alimenta, mayoritariamente, por noticias falsas que por una lectura investigativa.
  • Construir consciencias ciudadanas críticas y propositivas ante las ideologías en cualquier escenario social.
  • Fomentar una cultura de decencia ante la opinión pública, esto es, participar en debates y pronunciamientos públicos desde un sustento académico e investigativo.
  • Tomar decisiones que des-escalen la cruel situación de violencia verbal, física, psicológica y social experimentada en el país y en el mundo.
  • Orientar con nuestro saber a personas que estarán maltratadas y asfixiadas por el sistema tan estrecho y cruel. 
  • Consolidar nuestro sistema vivo, para vivir y dar vida; para tener sentido y ofrecer sentido a quienes se interesen en nuestra organización. 
  • Continuar con nuestros proyectos corporativos en el territorio nacional.
  • ¿Qué nos queda? ¡Avanzar!

Agradezco que hayas leído estas palabras, que son, desde mi no humilde opinión, una posibilidad de sentido o un pretexto para iniciar o continuar el camino de hallar sentido y significado a esta hermosa vida que tenemos aquí y ahora. 

José Edgar Alarcón / Director General Corporación Tepiapa

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Rellena este campo
Rellena este campo
Por favor, introduce una dirección de correo electrónico válida.
Necesita estar de acuerdo con los términos para continuar

Menú