Juntos cuidando y preservando la vida

Los contenidos que convocan los grupos humanos en diversos contextos, dirigen las acciones al cuidado, a una educación, a una atención y prevención de la vida humana.

Sabemos que la vida en nuestro mundo tiende a mantenerse, ella resiste. Para ello, la vida apela y se apoya en otros vivientes, para satisfacer el impulso de la misma vida. En el caso de nuestra especie humana, a través de sus entramados complejos, la vida de cada ser humano se orienta fundamentalmente hacia la pervivencia de la corriente de la vida y la satisfacción de sus necesidades vitales. Ahora bien, en la trayectoria que tenemos como colectivo humano, dependemos significativamente de la biología y de la biografía, más exactamente de lo bio-cultural. Esto quiere decir que, el aspecto biológico está recreado por los contenidos culturales con los que cuenta cualquier grupo social. Por lo tanto, los contenidos que convocan los grupos humanos en diversos contextos, dirigen las acciones al cuidado, a una educación, a una atención y prevención de la vida humana. Así, lo que decidimos, como grupo social, en torno a dichas acciones, son creencias y motivaciones éticas que, intentan responder a las necesidades sociales y temporales para preservar y mantener la Vida.

Pensar y cuidar la Vida es una responsabilidad de todos. Las diversas ciencias que hemos creado a través del tiempo, abren las diversas posibilidades de obtener contenido sobre estos aspectos fundamentales y principios éticos (Pensar y Cuidar). De esta manera, las ciencias despejan el tránsito que tiene la diversidad de la Vida; también, nos permite sintonizar con el proceso mismo del devenir de la vida en nuestro mundo (bíogénesis). En este sentido del oficio y la posibilidad de las ciencias en la consolidación de cuidar la vida, se abren las diversas ventanas de contraste y opción ética de estar en el mundo.

Así, optar por el cuidado no es más que un modo responsable que abre el debate que dirige nuestras acciones en este momento, en medio de la convivencia wayuu, para identificar maneras que preserven de la exuberancia de la vida. Es decir, optar por el cuidado oriental, hoy más que nunca, la posibilidad de tener las acciones pertinentes que cuiden la vida humana y no humana; esto es: las diversas formas de vida que recrean y componen la Vida de nuestro mundo.

Por otro lado, la insistencia de la Vida con mayúscula, no es más que recordar y demostrar la libertad, la justicia y la solidaridad amistosa que tiene la Vida en nuestro globo terráqueo, del cual somos parte. Vida que alberga nuestras versiones humanas y que proveen nuestra subsistencia hacía el futuro.

En este contexto, la Corporación Tepiapa junto a Acome (Asociación Colombiana de Médicos) hemos venido pensando y actuando las acciones más efectivas que cuiden la vida en los modos de ser wayuu. Esto significa que, juntos hemos movilizado voluntades para cuidar, educar, atender y prevenir en el territorio de La Guajira, conviviendo e intercambiando con esta comunidad originaria de nuestro País. En este sentido, nuestra tarea ética ha sido despejar con minuciosidad qué acciones, en torno a la salud, serían las más efectivas para un acompañamiento médico. Más aún, hemos despejado razonable y responsablemente una intervención médica que recupere la confianza de cuidar la vida; ya que las experiencias en torno a la salud, difícilmente se encuentran en el contexto wayuu; bien por las agencias homogeneizadoras de una atención, o bien por el escaso diálogo de saberes entre la cultura wayuu y los contenidos profesionales de la salud de nuestro contexto social.

En este sentido, en Tepiapa y Acome hemos coincidido en el cuidado como aspecto ético y fundamental para nuestras intervenciones en el territorio. Cuidado que se traduce en cinco actitudes que califican nuestra acción, a saber: admirar, conceder, mejorar, curar y preservar.

Admirar

Nuestra opción ética, elaborada desde los cruces profesionales de la medicina y las ciencias sociales, comienzan a legitimar resultados satisfactorios que tienen que compartirse. Uno de estos logros es el gozo de conocer mejor la realidad que nos atañe. Esto significa que, las repetidas acciones de caminar en este 2020 en cuidado, educación, atención y prevención con las comunidades wayuu, en los territorios en donde la corporación despliega su vida, nos permiten conocer las tonalidades y los diversos tejidos propios de la cultura wayuu, permitiéndonos sorprendernos y admirarnos de las profundas riquezas que tiene este colectivo humano.

Así es, cuando constatamos este encuentro de realidades (las formas de vida wayuu con las nuestras occidentales) nos sorprendemos y nos invitan a estar abiertos para escucharla y aprender de ella. Cuando vivimos así, nos vemos obligados a cambiar nuestros paradigmas y nuestros conocimientos para interpretar esa otra realidad que nos desafía para actuar.

Conceder

Esta opción ética de pensar y cuidar también nos dispone en una dirección de mejorar nuestras acciones para tener efectividad. La efectividad de una acción se mide en la coincidencia afectiva de curar a otro y, la coincidencia no sólo emerge por los descubrimientos científicos que podamos obtener en nuestro saber, también ocurre cuando afectivamente concedo conocer otro saber, otra técnica, otra manera de curar. De este modo, no sólo aplicamos los mejores conocimientos médicos y sociales, sino que aprendemos de los modos propios que tienen los wayuu para cuidar, educar, atender y prevenir enfermedades. En efecto, los mecanismos propios de la cultura wayuu ven en el sueño, en el clima, en los vestigios de la vida de las plantas, entre otros, indicadores para cuidar sus propias vidas y las de sus clanes.

Así, por cada contraste y comparación de nuestras metodologías científicas para cuidar y pensar la vida, deviene el asombro y la gratitud hacia ellos, ya que, en sus maneras sofisticadas de vivir, también encontramos que se cuidan, se educan, se atienden y se previene enfermedades. Por eso, nuestras acciones no pueden subordinar o enajenarse por la distancia paciente-médico, sino que concedemos intercambio de saberes, medicinas, tratamientos y valoraciones en torno a la vida.

Mejorar

Esta opción de cuidar la vida nos exige éticamente el promoverla y mejorarla. Por ello, se requiere de cooperación institucional, social y personal. Como diría Zubiri necesitamos “de más y de mejor de sí” en cuanto podamos ofrecer. Al mismo tiempo, necesitamos coordinar ciencias y tecnologías para mejorar las condiciones de vida en nuestro globo, ya que, al mejorar las condiciones de vida de ellos, también mejoramos nuestras versiones humanas. En este caso, entonces, realizamos acciones que aseguren, protejan y continúen las diversas versiones humanas en sus mejores condiciones.

Curar

Así mismo, curar es un modo especial de responsabilidad en intercambio de saberes con la comunidad wayuu, ya que juntos aprovechamos cualquier posibilidad terapéutica, bien sea en cualquier descubrimiento científico o en la sorpresa de la cura en los saberes originarios. La dirección de curar las dolencias, afecciones somáticas y espirituales redundan en el beneficio de las personas que viven ahora y de las próximas generaciones.

Preservar

Por último, esta actitud ética de nuestras acciones en torno a la salud humana, nos permite elaborar regulaciones que sea visible y posible la conservación no sólo de esta legítima manera de vida cultural, sino que, también nos permite conocer, sistematizar y proteger el saber curativo de este pueblo originario. Más aún, nos desviamos de cualquier diagnóstico que atente o subsuma su identidad, su saber y su modo de curar. En este sentido, armonizamos o nos disponemos a (crear, experimentar, proponer, indagar) un equilibrio de sentidos, pensamientos y de comportamientos que preserven su noción de cuidado y de cura.

Con todo, certificamos la vida que brota en la tierra. Es más, la ponderamos como bueno. Aprendemos que la visita de Juya (la lluvia) permite brotar la vida como regalo y reverenciamos la sabiduría que tienen las plantas, por cuanto son medicina para curar las enfermedades. Reconocemos la asombrosa manera de vivir de este pueblo originario y nos sentimos honrados de que nos permitan vivir junto a ellos sus prácticas de vida buena o de buen vivir.

Cada amanecer y atardecer nos recoge en un sentido profundo de contemplación y admiración no sólo geográfica, sino social de este pueblo wayuu. Las anécdotas del encuentro, la risa en niños, jóvenes y adultos nos envuelven en una tarea permanente y eficaz para aprender y vivir lo que somos y tenemos. Cada gratitud wayuu nos obliga a cuidar y a pensar la mejor manera de ser profesionales y mejores seres humanos.

Por José Edgar Alarcón Manrique
Director General

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